Hipoteca y divorcio

| 20/05/2011 | 2 Comentarios

Comprar la casa es uno de los acontecimientos y compromiso financiero más importante para la mayoría de las parejas. Sin embargo, cuando las cosas ya no funcionan más y el divorcio resulta inevitable, surge el problema de encontrarse atados a una deuda en común: la hipoteca.

En este sentido son muchas las discusiones que se han suscitado en los tribunales, sin embargo, en el último tiempo se produjo una modificación en las sentencias y un cambio de actitud de los jueces frente al problema. Es justamente este aspecto el que comentaremos a continuación.

Tradicionalmente, se consideraba la hipoteca como una “carga” del matrimonio y las sentencias cargaban al cónyuge de mayores ingresos con el pago de un mayor porcentaje del crédito. Dicho de otra forma, hasta ahora, cada uno de los excónyuges se hacía cargo de la cuota de la hipoteca en proporción a su capacidad económica. Esta tendencia se correspondía con la otorgada a otras cargas como la pensión alimenticia o la manutención.

Recientemente una sentencia del Tribunal Supremo ha cambiado el panorama, ya que a partir de la misma se considera la deuda de la hipoteca como una deuda de la sociedad de gananciales. En consecuencia, en caso de separación, independientemente de que el matrimonio tenga o no hijos, cada cónyuge debe hacerse cargo del pago de la mitad de la cuota de la hipoteca.

En conclusión, ya no se tiene en cuenta la capacidad económica de los cónyuges, y cada uno debe abonar la misma proporción.

Esta sentencia también considera el caso en que una de las partes no pueda hacerse cargo de la obligación de copago de la cuota de la hipoteca. Ante esta situación se sugieren las siguientes soluciones:

  • Que la otra parte asuma de propia voluntad el pago de la diferencia. En este caso el cónyuge con mayor capacidad económica podrá solventar el importe que no puede cubrir su ex cónyuge. De este modo se evita la ejecución de la hipoteca por parte de la entidad.
  • Venta del inmueble: En caso en que no se quiera o pueda optar por la alternativa anterior, una solución es poner el piso a la venta, con lo que se inyecta liquidez en lugar de extender la carga. Después de deducidos los gastos de venta y el resto del crédito hipotecario, el resultante de la venta debe ser repartido en partes iguales entre ambos.

Por supuesto que una solución temporal al problema de falta de liquidez después de la separación, lo podremos encontrar en la multiplicidad de créditos y préstamos que encontraremos en el mercado.

De hecho, hasta hay productos específicamente pensados para familias monoparentales o personas recientemente separadas.

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Categoría: Guía hipotecaria

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