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¿Quién tiene la culpa de la crisis?

Esta es una pregunta fundamental, no ya tanto para superar esta crisis que estamos viviendo, sino para evitar que nos vuelva a suceder en el futuro, porque ya se sabe que el pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla, por lo que hay que intentar hacer una reflexión sobre la realidad de la crisis y sobre quien tiene la verdadera culpa de la misma.

La razón fundamental de la crisis radica en la indexación que se realizó de los sueldos de los ejecutivos al volumen de ventas de productos financieros. Ello provocó que estos ejecutivos vendieran productos financieros sin preocuparse por la solvencia posterior de los clientes los que se los vendían. Ellos sólo querían incrementar su sueldo.

Después, cuando las entidades financieras comprobaron que el enorme volumen de productos tóxicos que tenían entre manos, decidieron venderlos a los mercados internacionales en forma de paquetes, en los que incluían dos productos buenos y uno malo, con lo que la operación se llevaba a efecto y se deshacían de sus productos tóxicos, internacionalizando el problema.

Mientras la economía iba bien el problema no existía. Los clientes de dudosa solvencia podían pagar sus deudas porque ganaban mucho dinero. El problema llegó cuando la economía dejó de ir bien, cuando llegó el desempleo, la mora se empezó a disparar, y los productos tóxicos estallaron, porque las entidades financieras se encontraron con más embargos de los que podían hacer frente.

Por tanto, la crisis llegó de la irresponsabilidad general de las entidades financieras, que pagaron a sus ejecutivos por el volumen de sus ventas, no por su eficiencia, y luego no supieron realizar los análisis técnicos y de riesgos pertinentes para evitar que estos productos tóxicos llegaran a sus balances.

Una irresponsabilidad que todavía hoy estamos pagando.

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